viernes, 29 de junio de 2012


Texto, imagen, imaginación

Teresa Colomer

La literatura infantil y juvenil tiene en cuenta –de forma deliberada, por experiencia social o por azar, tanto da ahora- las posibilidades de recepción de la experiencia literaria durante la etapa de la infancia y la adolescencia. Este tipo de textos permiten que niños, niñas y adolescentes se incorporen al uso poético de la palabra en nuestra sociedad. Una incorporación en presente para los receptores, puesto que pueden participar de la comunicación literaria desde un inicio tan temprano como, pongamos por ejemplo, las canciones de cuna que se les dirigen; y una incorporación en futuro, ya que los libros infantiles van abriendo un itinerario de formas que amplían su conocimiento de los géneros, los recursos, los tópicos o las figuras estilísticas que configuran el conjunto del corpus literario desarrollado en su cultura.

Uno de los elementos asociados al lenguaje literario es su capacidad de evocación y connotación a través del uso de imágenes y símbolos, su posibilidad de apartarse de la exposición lógica de los conceptos para apelar a una comunicación más global que atañe a múltiples niveles de la persona. Los sentidos, la inteligencia, la identificación afectiva, la proyección imaginativa o la conmoción emotiva son invocados por el texto literario en proporción e intensidad variable y por ello constituyen un tipo especial de comunicación humana.

Recordar estos aspectos viene a cuento para reflexionar sobre uno de los problemas que, en mi opinión, afectan tanto a la producción como a la valoración actual de libros infantiles y juveniles: el debilitamiento de su dimensión metafórica y simbólica, la pérdida de peso de la resonancia de la palabra y la escasa fuerza de imágenes evocadas, en favor de otros elementos como la intriga argumental, la identificación directa del mundo creado con el del lector –lo cual incluye la reproducción de las formas conversacionales del lenguaje- y el desplazamiento de la experiencia estética hacia la parte ilustrada de los libros. Las causas de esta situación se hallan probablemente en una concepción de la lectura de ficción como objeto de consumo, en el deseo de atraer a los lectores con textos que parecen de lectura más simple y en la vocación moralizadora de los libros dirigidos a los jóvenes.
                                                            
  (…)


El texto reducido

En cuanto a las narraciones para niños y niñas, y aún más en las dirigidas a los adolescentes, parece que su producción o selección parte, en primer lugar, de la premisa de que un lenguaje estandarizado, un vocabulario reducido y una lectura unívoca facilitarán la lectura –y la venta- de los libros. Incluso se da el caso de que algunas editoriales recomiendan a los autores una reducción del léxico y la complejidad literaria. Pan para hoy y hambre para mañana, al menos en el sector de población del que puede esperarse una continuidad en la lectura de calidad. Otra cosa distinta es que la literatura diversifique sus niveles de calidad y exigencia para ofrecer distintos tipos de producción literaria a diferentes clases de lectores, al igual que lo hace en la literatura adulta. Pero esta evidencia del mercado cultural no atañe en este caso a la tarea educativa que intenta construir una experiencia literaria de calidad durante la infancia y adolescencia.

Con esta situación se relaciona también la influencia de la ficción audiovisual en la ficción literaria. Muchas obras juveniles tienden a convertirse en guiones cinematográficos sin espesor escrito. La voz del narrador adopta un tono deliberadamente notarial para informarnos estrictamente de lo que aparece en la escena y para permitirnos conocer los movimientos de los personajes, a los que cede la palabra para que oigamos directamente sus conversaciones. Sin duda son obras que se ajustan al gusto moderno por la elipsis, la rapidez y la concisión, frente al ritmo lento y a la demora en el detalle propio de otras épocas. Pero la sintaxis de frases simples y yuxtapuestas y el lenguaje denotativo que reinan en ellas, más que al servicio de una condensación narrativa de depurada simplicidad se sitúan en la uniformización y banalidad de las obras de género menor.

En segundo lugar, parece que se confía en que situar el mundo de ficción en contextos homogéneos a los mundos de vida de los lectores atraerá su atención porque si los personajes, los problemas y el lenguaje son idénticos a los propios, el proceso de proyección se tornará inmediato.

En el mismo sentido de reflejo literal, parece que el propósito de orientar moralmente a los lectores se basa en la creencia de que la exposición directa y explícita de las situaciones conflictivas y de las elecciones de los personajes sobre la conducta a seguir son más efectivas que las formas indirectas e implícitas de modelación cultural propias de la literatura.
En consecuencia, el texto literario se reduce con frecuencia a una máquina productora de argumentos que se agotan en sí mismos o que se hallan al servicio de una exposición de conceptos morales dirigidos a la inteligencia del lector a través del débil revestimiento de la mediación del personaje.


Fragmentos tomados de: “Texto, imagen, imaginación”. En: CLIJ. Nº 130, Año 13, Septiembre, 2000.

Teresa Colomer. Crítica española de literatura infantil y juvenil de renombre internacional. Catedrática de la Universidad Autónoma de Barcelona (España). Algunos de sus libros: Siete llaves para valorar las historias infantiles (Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2002), Andar entre libros. La lectura literaria en la escuela (Fondo de Cultura Económica, 2005).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta Teresa Colomer. Es la mejor crítica d literatura infantil y juvenil. Ana González Méndez.

La literatura infantil y juvenil al alcance

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Edgar Clément

SOBRE LA AUTORA

Ramelis Velásquez (1968). Autora venezolana nacida en Cumaná, estado Sucre. Realizó estudios de Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad de Oriente. Licenciada en Educación Integral, mención Lengua (UNA) y Magíster en Educación Abierta y a Distancia por la misma institución. Narradora, ensayista e investigadora de la literatura infantil y juvenil. Se ha destacado como cuentista, así como ensayista de temas sobre poesía y narrativa, en especial, las que han sido dirigidas a niños, niñas y adolescentes. Su labor de investigadora se ha centrado en el proceso de recepción de las obras destinadas a los jóvenes lectores. Ha facilitado talleres de teoría y crítica de la LIJ y sobre el proceso de lectura. Correctora de la revista latinoamericana de poesía Poda (Fondo Editorial del Caribe, Barcelona, estado Anzoátegui).