jueves, 14 de junio de 2012


                                                            ¿Me compra el gallo?

                                                                   Tulio Febres Cordero

Hombre manso, apacible, incapaz de matar una mosca, tal era el doctor Cienfuegos. Pero cuando llegaba a ponerse bravo, era un polvorín, estallaba como una bomba; por lo cual él mismo procuraba dominar su carácter irascible hasta donde las circunstancias lo permitían.

Cierto día, estaba muy ocupado redactando un alegato, cuando fue bruscamente interrumpido.

—Tun, tun, tun.

—¿Quién es?

—Buenos días, doctor... ¿Me compra este gallo?

—No señor, no compro gallos.

—Está gordo.

—No lo necesito, ni gordo ni flaco.

—Es de buena cría.

—Le digo que no le compro el gallo.

—Se lo doy muy barato.

—Aunque así sea.

—Es nuevo y bien emplumado.

—No, mi amigo, no le compro el gallo.

—¡Qué lástima! Deja usted de hacer un buen negocio. Vamos, hasta por cinco reales.

—Ya le he dicho que no necesito gallos.

—Pero véalo usted: es una preciosura.

—Aunque sea, no se lo compro; y hágame el favor de retirarse, porque estoy sumamente ocupado.

—Mire, doctor, que estas ocasiones no se presentan todos los días. Anímese, pues, y me compra el gallo.

—Al fin, mi amigo... al fin me pone usted en el caso...

—De comprarme el gallo, ¿verdad?

A Cienfuegos le estalla el apellido por todos los poros del cuerpo, y arremete contra el tenaz vendedor, a quien rompe las narices y saca a trompadas hasta la puerta de la calle.

Gran escándalo. Acuden los vecinos y la policía. El hombre muestra la cara ensangrentada, y el doctor bufa de pura cólera. La policía lo arresta; y entonces el malherido vendedor, volviendo a coger del suelo su gallo, se interpone entre la autoridad y Cienfuegos, diciéndoles:

—Yo no pido cárcel para el doctor, sino otra cosa; y todo quedará arreglado.

—¿Qué cosa? -preguntó la policía.

—Que el doctor me compre el gallo.

—¡Ah, grandísimo bellaco! -exclamó Cienfuegos, yéndosele encima.

—No se enfade otra vez doctor: el gallo es bueno y barato.

Al fin el doctor, aconsejado por la policía y para cortar el escándalo, porque la gente llegaba como a campana tañida, resolvió aceptar la transacción.

—Tome pues, amigo, los cinco reales y asunto concluido.

—Mil gracias, doctor. Dígame ¿a qué hora lo hallaré mañana en su casa?

—¿Y qué más quiere usted conmigo?

—Es que tengo otro gallo mejor que éste.

—¡Otro gallo!

—Sí, señor, para ver si me lo compra.

—Un trabuco naranjero es lo que voy a comprar ahora mismo, para quitármelo a usted de encima -exclamó Cienfuegos dispuesto a cometer una diablura, y con razón.

Texto tomado de: Tulio Febres Cordero. Cuentos. Mérida: Ediciones Solar. 1994.

Tulio Febres Cordero. Mérida (1860 - 1938). Prolífico escritor venezolano. Historiador, narrador, cronista importante en su época, profesor, periodista. Editor: fundador de Páginas Sueltas, El Comercio, El Billete, El Lápiz. Fue redactor del Anuario y Gaceta Universitaria de la Universidad de Los Andes.

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SOBRE LA AUTORA

Ramelis Velásquez (1968). Autora venezolana nacida en Cumaná, estado Sucre. Realizó estudios de Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad de Oriente. Licenciada en Educación Integral, mención Lengua (UNA) y Magíster en Educación Abierta y a Distancia por la misma institución. Narradora, ensayista e investigadora de la literatura infantil y juvenil. Se ha destacado como cuentista, así como ensayista de temas sobre poesía y narrativa, en especial, las que han sido dirigidas a niños, niñas y adolescentes. Su labor de investigadora se ha centrado en el proceso de recepción de las obras destinadas a los jóvenes lectores. Ha facilitado talleres de teoría y crítica de la LIJ y sobre el proceso de lectura. Correctora de la revista latinoamericana de poesía Poda (Fondo Editorial del Caribe, Barcelona, estado Anzoátegui).