miércoles, 20 de junio de 2012


                                  

La  abejita  inquieta
 Ramelis Velásquez

Había una vez una abejita que vivía en una gran colmena entre las robustas ramas de un mango. Tan alto era el árbol que parecía rozar a las nubes con las puntas de sus hojas hasta hacerlas reír. Los espacios de la colmena eran inmensos y, como debemos suponer, muy dulces y perfectamente dispuestos en hermosas formas hexagonales que parecían hechos por la más fina ingeniería.

La abeja entraba y salía de la colmena permanentemente porque era muy trabajadora, de esas que parecen soldaditos con alas como si no pensaran o no les importara más nada que hacer, sino seguir órdenes y órdenes. Debía trabajar sin cesar como sus compañeras o como la legión de compañeras que tenía para elaborar la miel. Un día, regresando de una deliciosa flor a la colmena, notó que los pájaros volaban tranquilamente, casi siempre disfrutando de su vuelo sin nada que los presionara o perturbara. Volaban libremente hacia cualquier dirección. Abejita pensó que ella también podía volar en otras direcciones para conocer mundo, pero estaba atrapada en un oficio donde no tenía descanso ni tiempo para divertirse o hacer otras cosas que le gustaran.

Su ruta de vuelo estaba marcada por señales especiales que emitían sus compañeras y ella también, por supuesto. Entonces un día imaginó que era un ave y pensó que cada abeja podía trabajar unas horas al día y después utilizar el tiempo libre para dedicarse a otras cosas igual de sublimes y maravillosas como hacer la miel de la naturaleza. Así que comenzó a hablar con sus compañeras, a comunicarles sus ideas. Pronto, ya se encontraba cerca del mango, debajo de un gran tronco seco, dirigiendo en un solemne discurso sus ideas y pensamientos a miles de abejas trabajadoras. Abejita estaba concentrada y orgullosa de las palabras que estaba pronunciando cuando de súbito llegó una compañera asustada y jadeando del cansancio porque abeja Madre venía en camino un tanto enfadada por la ausencia de las abejas en sus labores y un tanto curiosa por saber de qué se trataba la “revuelta”.

Cuando llegó abeja Madre todas quedaron en silencio como si el tiempo y el aire se hubiesen detenido. Ante tanta calma, la abeja mayor exclamó:

-¡Vaya, este silencio no fue lo que me hizo trasladarme hasta acá!

Y moviendo la cabeza hacia los lados con la intención de ver los rostros de asombro de la multitud, preguntó:

-¿Hay algo de lo que me haya perdido? ¿De qué trata esta asamblea? –dijo con cierto tono irónico.

La única que quebró el hielo fue abejita  al responder con firmeza y decisión:

-Estamos aquí reunidas porque creemos y queremos pensar libremente, así como decidir que tenemos derecho a un tiempo libre y a emplearlo en lo que queramos. ¡He dicho!

Abeja Madre miró a las demás abejitas y les preguntó:

-¿Ustedes están de acuerdo con lo que ella dice? Porque eso no tiene ni pies ni cabeza. ¿Derecho a pensar? ¿Derecho a decidir qué hacen con el tiempo libre? ¿Con cuál tiempo libre?-. Y furiosa siguió hablando mientras su voz iba subiendo de tono hasta gritar:

-¡Qué se creen ustedes! ¡No son más que soldados a mi servicio, obreras con el único derecho y deber de hacer la miel! Es lo único que deben hacer. ¿Quieren abandonar el único hogar que tienen y donde están seguras por un capricho, por un deseo de tener libertad para pensar y para hacer? ¡Qué estupidez!

De repente muchas voces en maraña dominaron el espacio. Había una confusión tremenda. Las abejas no sabían a quien seguir o escuchar. Abejita, molesta y decepcionada al ver la duda en sus compañeras, se separó de ellas y en tono firme arguyó:

-Pues yo sí quiero pensar y decidir qué hago con el tiempo libre que deberíamos tener. Prefiero estar de flor en flor, libre como las aves amigas, libre para imaginar, libre para decidir qué quiero ser y hacer. ¡Hasta nunca!

Y abejita, inquieta, se fue volando y entonando una canción al tiempo que sus compañeras la veían estupefactas como si les pareciera mentira que una abeja se hubiese descarriado y desobedecido el mando mayor de la colmena.

Tiempo después las obreras se fueron sumando a su causa y poco a poco abejita se convirtió en una abeja mayor que tenía a su mando una legión extraordinaria de abejas y una colmena insuperable de lo grande y de lo bella. Pero comenzó a ser inflexible con sus compañeras; las obligaba a trabajar constantemente sin descanso y, en ocasiones, hasta malas palabras llegó a decirles. Y un día una abejita hizo que la legión de trabajadoras se ausentara por un buen tiempo. Cuando abeja mayor las buscó se consiguió con el mismo episodio que ella misma había  protagonizado una vez. Así que el llanto no se hizo esperar y abeja mayor  pidió tantas disculpas que todas la rodearon y le dijeron que nunca abandonarían su trabajo siempre y cuando ella respetara el derecho a pensar, el derecho a reunirse, y el derecho a  tener un tiempo libre.

Y así este hecho es el inicio de otra historia que en otro momento se contará.


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SOBRE LA AUTORA

Ramelis Velásquez (1968). Autora venezolana nacida en Cumaná, estado Sucre. Realizó estudios de Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad de Oriente. Licenciada en Educación Integral, mención Lengua (UNA) y Magíster en Educación Abierta y a Distancia por la misma institución. Narradora, ensayista e investigadora de la literatura infantil y juvenil. Se ha destacado como cuentista, así como ensayista de temas sobre poesía y narrativa, en especial, las que han sido dirigidas a niños, niñas y adolescentes. Su labor de investigadora se ha centrado en el proceso de recepción de las obras destinadas a los jóvenes lectores. Ha facilitado talleres de teoría y crítica de la LIJ y sobre el proceso de lectura. Correctora de la revista latinoamericana de poesía Poda (Fondo Editorial del Caribe, Barcelona, estado Anzoátegui).