viernes, 8 de junio de 2012


Teoría del final feliz

Gustavo Martín Garzo

Puede decirse que el final feliz era una exigencia común a todos los cuentos tradicionales. Cuentos, es verdad, que escuchaban con gusto los mayores, pero que estaban pensados para ser contados a los niños, y los hermanos Grimm los reescriben con ese propósito esencial. Y ésa es una razón más que suficiente para que tengan que terminar bien. Dado que lo que quiere el adulto cuando cuenta cuentos a los niños es informarles acerca del mundo, y de los peligros que pueden encontrarse en él, pero sobre todo tranquilizarles, llevar a ese mundo siempre extremado, que es el mundo de la infancia, un poco de serenidad y mesura.

Pero el final feliz no comporta sólo una opción moral, sino algo que es aún más importante, una opción amorosa. Un cuento es una guarida, un nido. Y lo que los padres están ofreciendo a los niños cuando se los cuentan no es sólo una enseñanza acerca del mundo, sino un lugar de sosiego, de cobijo, al amparo de la desgracia. Lo sorprendente es cuando pensamos en los materiales con que están hechas las paredes de esa casa.  Crímenes horribles, traiciones, cuerpos fragmentados, rastros de sangre, se alternan con pájaros de oro, facultades envidiables, alianzas insospechadas, vuelcos inauditos del corazón. Porque ésta es la maravilla de los cuentos, no nos engañan acerca de cómo es el mundo. Ofrecen al niño un cobijo, pero sin impedirle la contemplación de la realidad contradictoria y desnuda. Por eso los psicoanalistas los aconsejan. Según ellos, en los cuentos de hadas se dramatizan los conflictos básicos del ser humano, en su fase de crecimiento, y ésta es la razón de que los niños deban escucharlos. Verán reflejados los grandes dramas de su corazón y aprenderán a elaborar estrategias para superarlos. También descubrirán que tales conflictos no son privativos suyos, sino que son propios de todos los hombres. Es decir, podrán sentir celos espantosos, o deseos homicidas, sin sentirse condenados por ello a un destino de monstruosidad y daño, porque como se nos dice en los cuentos el problema no es lo que nos pasa, sino lo que somos capaces de hacer con lo que nos pasa. Desde esta perspectiva el final feliz tendría una función integradora, el acceso a una unidad de conciencia superior, donde esos conflictos quedan superados, o al menos dejan de dañar.

Fragmento tomado de: “Teoría del final feliz”. CLIJ , Nº 113, Año 12. Febrero 1999.
Gustavo Martín Garzo. Escritor español. Premio Nacional de Literatura 1994, Premio Nadal de Novela.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estupendo. Me gustó. Roxy

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Edgar Clément

SOBRE LA AUTORA

Ramelis Velásquez (1968). Autora venezolana nacida en Cumaná, estado Sucre. Realizó estudios de Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad de Oriente. Licenciada en Educación Integral, mención Lengua (UNA) y Magíster en Educación Abierta y a Distancia por la misma institución. Narradora, ensayista e investigadora de la literatura infantil y juvenil. Se ha destacado como cuentista, así como ensayista de temas sobre poesía y narrativa, en especial, las que han sido dirigidas a niños, niñas y adolescentes. Su labor de investigadora se ha centrado en el proceso de recepción de las obras destinadas a los jóvenes lectores. Ha facilitado talleres de teoría y crítica de la LIJ y sobre el proceso de lectura. Correctora de la revista latinoamericana de poesía Poda (Fondo Editorial del Caribe, Barcelona, estado Anzoátegui).