viernes, 24 de agosto de 2012

Los dibujos de Benjamin: extraordinario ilustrador de cuentos infantiles.

Nació en París en 1982 y se llama Benjamin Lacombe. Es un ilustrador que tiene un estilo muy particular. No sabemos si te gustará o no, pero lo cierto es que está muy de moda en gran parte del mundo. Y merece la pena conocerlo. 


Ha hecho cómics, algún que otro corto animado y un montón de ilustraciones publicitarias. Pero lo que más le gusta es ilustrar cuentos infantiles (y, a veces, también escribirlos). Con un estilo singular ha reinterpretado muchos cuentos clásicos, como el de Blancanieves, Garbancito o la Bella Durmiente. 

Benjamin se califica como una persona muy creativa. Asegura que a lo largo del año tiene unas 200 ideas diferentes para hacer proyectos, "aunque al final no me da tiempo a hacer más que cuatro", reconoce. Para muchos es el artista de moda. Y lo demuestra el hecho de que sus dibujos ya se han expuesto en lugares como Nueva York, Roma o Tokio. 

Para disfrutar de su arte, nada mejor que contemplar este espectacular vídeo animado que se grabó para el lanzamiento de Érase una vez..., una nueva interpretación de personajes de los cuentos clásicos en Pop-up:     Video  Pop-Up Book - Il était une fois..

Fuente:  http://tucirculo.circulo.es

viernes, 29 de junio de 2012


Texto, imagen, imaginación

Teresa Colomer

La literatura infantil y juvenil tiene en cuenta –de forma deliberada, por experiencia social o por azar, tanto da ahora- las posibilidades de recepción de la experiencia literaria durante la etapa de la infancia y la adolescencia. Este tipo de textos permiten que niños, niñas y adolescentes se incorporen al uso poético de la palabra en nuestra sociedad. Una incorporación en presente para los receptores, puesto que pueden participar de la comunicación literaria desde un inicio tan temprano como, pongamos por ejemplo, las canciones de cuna que se les dirigen; y una incorporación en futuro, ya que los libros infantiles van abriendo un itinerario de formas que amplían su conocimiento de los géneros, los recursos, los tópicos o las figuras estilísticas que configuran el conjunto del corpus literario desarrollado en su cultura.

Uno de los elementos asociados al lenguaje literario es su capacidad de evocación y connotación a través del uso de imágenes y símbolos, su posibilidad de apartarse de la exposición lógica de los conceptos para apelar a una comunicación más global que atañe a múltiples niveles de la persona. Los sentidos, la inteligencia, la identificación afectiva, la proyección imaginativa o la conmoción emotiva son invocados por el texto literario en proporción e intensidad variable y por ello constituyen un tipo especial de comunicación humana.

Recordar estos aspectos viene a cuento para reflexionar sobre uno de los problemas que, en mi opinión, afectan tanto a la producción como a la valoración actual de libros infantiles y juveniles: el debilitamiento de su dimensión metafórica y simbólica, la pérdida de peso de la resonancia de la palabra y la escasa fuerza de imágenes evocadas, en favor de otros elementos como la intriga argumental, la identificación directa del mundo creado con el del lector –lo cual incluye la reproducción de las formas conversacionales del lenguaje- y el desplazamiento de la experiencia estética hacia la parte ilustrada de los libros. Las causas de esta situación se hallan probablemente en una concepción de la lectura de ficción como objeto de consumo, en el deseo de atraer a los lectores con textos que parecen de lectura más simple y en la vocación moralizadora de los libros dirigidos a los jóvenes.
                                                            
  (…)


El texto reducido

En cuanto a las narraciones para niños y niñas, y aún más en las dirigidas a los adolescentes, parece que su producción o selección parte, en primer lugar, de la premisa de que un lenguaje estandarizado, un vocabulario reducido y una lectura unívoca facilitarán la lectura –y la venta- de los libros. Incluso se da el caso de que algunas editoriales recomiendan a los autores una reducción del léxico y la complejidad literaria. Pan para hoy y hambre para mañana, al menos en el sector de población del que puede esperarse una continuidad en la lectura de calidad. Otra cosa distinta es que la literatura diversifique sus niveles de calidad y exigencia para ofrecer distintos tipos de producción literaria a diferentes clases de lectores, al igual que lo hace en la literatura adulta. Pero esta evidencia del mercado cultural no atañe en este caso a la tarea educativa que intenta construir una experiencia literaria de calidad durante la infancia y adolescencia.

Con esta situación se relaciona también la influencia de la ficción audiovisual en la ficción literaria. Muchas obras juveniles tienden a convertirse en guiones cinematográficos sin espesor escrito. La voz del narrador adopta un tono deliberadamente notarial para informarnos estrictamente de lo que aparece en la escena y para permitirnos conocer los movimientos de los personajes, a los que cede la palabra para que oigamos directamente sus conversaciones. Sin duda son obras que se ajustan al gusto moderno por la elipsis, la rapidez y la concisión, frente al ritmo lento y a la demora en el detalle propio de otras épocas. Pero la sintaxis de frases simples y yuxtapuestas y el lenguaje denotativo que reinan en ellas, más que al servicio de una condensación narrativa de depurada simplicidad se sitúan en la uniformización y banalidad de las obras de género menor.

En segundo lugar, parece que se confía en que situar el mundo de ficción en contextos homogéneos a los mundos de vida de los lectores atraerá su atención porque si los personajes, los problemas y el lenguaje son idénticos a los propios, el proceso de proyección se tornará inmediato.

En el mismo sentido de reflejo literal, parece que el propósito de orientar moralmente a los lectores se basa en la creencia de que la exposición directa y explícita de las situaciones conflictivas y de las elecciones de los personajes sobre la conducta a seguir son más efectivas que las formas indirectas e implícitas de modelación cultural propias de la literatura.
En consecuencia, el texto literario se reduce con frecuencia a una máquina productora de argumentos que se agotan en sí mismos o que se hallan al servicio de una exposición de conceptos morales dirigidos a la inteligencia del lector a través del débil revestimiento de la mediación del personaje.


Fragmentos tomados de: “Texto, imagen, imaginación”. En: CLIJ. Nº 130, Año 13, Septiembre, 2000.

Teresa Colomer. Crítica española de literatura infantil y juvenil de renombre internacional. Catedrática de la Universidad Autónoma de Barcelona (España). Algunos de sus libros: Siete llaves para valorar las historias infantiles (Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2002), Andar entre libros. La lectura literaria en la escuela (Fondo de Cultura Económica, 2005).

miércoles, 27 de junio de 2012


La historia de un caballo que era bien bonito

Aquiles Nazoa

                                                                                                              Foto: http://www.radiomundial.com.ve

Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines. Todos estábamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo también porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se veían de todos los colores en los ojos del caballo.

Al caballo también le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del asunto es que con los ojos de ese caballo que comía jardines se veían todas las cosas que el caballo veía, pero claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años. Yo a veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. Él entendía la cosa y miraba para allá, y entonces mi hermana Elba y yo nos íbamos para la escuela a través de los ojos del caballo.

_¡Qué caballo tan agradable!

A nosotros cuando más nos gustaba verlo era aquellos domingos por la mañana que estaban tocando la retreta y ese caballo de colores llegaba por ahí vistiéndose de alfombra por todas partes que pasaba.

Yo creo que ese caballo era muy cariñoso. Ese caballo tenía cara de que le hubiera gustado darle un paseíto a uno, pero quién se iba a montar en aquel pueblo en un caballo como ese, pues a la gente de ahí le daba pena; ahí nadie tenía ropa aparente.

Cómo sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.

Ese caballo si se veía bonito cuando estaban tocando ahí esa retreta y el señor presidente de la Sociedad de Jardineros lo traía para que se desayunara en la plaza pública.

Qué caballo tan considerado. Ese caballo podía estar muy hambriento, pero cuando los jardineros lo traían para que se comiera la plaza, él sabía que en el pueblo había mucha gente necesitada de todo lo que allí le servían, y no se comía sino a los músicos.

Y los músicos encantados. Como el caballo estaba lleno de flores por dentro, ellos ahí se sentían inspirados y se la pasaban tocando música dentro del caballo.

Bueno, y como el caballo se alimentaba de jardines y tenía todos los colores de las flores que se comía, la gente que pasaba por ahí y lo veía esperando que los jardineros le echaran su comida, decían: míreme ese caballo tan bonito que está ahí espantándose las mariposas con el rabo.

Cómo sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.

Y el caballo sabía que decían todo eso, y se quedaba ahí quietecito sin moverse para que también dijeran que aquel caballo era demasiado bonito para vivir en un pueblo tan feo, y unos doctores que pasaron lo que dijeron es que lo que parecía ese caballo es que estaba pintado en el pueblo.

¡Así era de bonito ese caballo!

Todo el mundo era muy cariñoso con ese caballo tan bonito, y más las señoras y señoritas del pueblo, que estaban muy contentas con aquel caballo que se alimentaba de jardines. ¿No ve que como consecuencia de aquella alimentación lo que el caballo echaba por el culito eran rosas?

Así, cuando las damas querían adornar su casa o poner un matrimonio, no tenían más que salir al medio de la calle y recoger algunas de las magníficas rosas con que el caballo le devolvía sus jardines al pueblo.

Una vez en ese pueblo se declaró la guerra mundial, y viendo un general el hermoso caballo que comía jardines, se montó en él y se lo llevó para esa guerra mundial que había ahí, diciéndole: mira, caballo, déjate de jardines y de maricadas de esas y ponte al servicio de tal y cual cosa, que yo voy a defender los principios y tal, y las instituciones y tal, y el legado de yo no sé quién, y bueno, caballo, todas esas lavativas que tú sabes que uno defiende.

Apenas llegaron ahí a la guerra mundial, otro general que defendía el patrimonio y otras cosas así, le tiró un tiro al general que estaba de este lado de la alcabala, y al que mató fue al caballo que se alimentaba de jardines, que cayó a tierra echando una gran cantidad de pájaros por la herida porque el general lo había herido en el corazón.

La guerra por fin tuvo que terminarse porque si no no hubiera quedado a quién venderle el campo de batalla.

Después que terminó la guerra, en ese punto que cayó muerto el caballo que comía jardines, la tierra se cubrió de flores.

Una vez venía de regreso para su pueblo uno que no tenía nombre y estaba muy solo y había ido a recorrer mundo buscando novia porque se sentía bastante triste, ¿no ve que le mataron hasta el perro con eso de la defensa de los principios y tal?, y no había encontrado novia alguna porque era muy pobre y no tenía ninguna gracia.

Al ver ese reguero de flores que había ahí donde había muerto el caballo que comía jardines, el hombre cogió una de su gusto y se la puso en el pecho. Cuando llegó al pueblo encontró a su paso una muchacha que al verlo con su flor en el pecho, dijo para ella misma: que joven tan delicado que se pone en el pecho esa flor tan bonita. Hay cosas bonitas que son tristes también, como esa flor que se puso en el pecho ese joven que viene ahí. Ese debe ser una persona muy decente y a lo mejor es un poeta.

Lo que ella estaba diciendo dentro de ella sobre ese asunto, el hombre no lo escuchó con el oído, sino que como lo oyó fue con esa flor que tenía en el pecho.
 
Eso no es gracia; cualquiera pude oír cosas por medio de una flor que se ha puesto en el pecho. La cuestión es que uno sea un hombre bueno y que reconozca que no hay mayores diferencias entre una flor colocada en el pecho de un hombre y la herida de que se muere inocentemente en el campo un pobre caballo.

Qué iba a hacer, le regaló a aquella bonita muchacha la única cosa que había tenido en su vida, le regaló a la muchacha aquella flor que le servía a uno para oír cosas: ¿quién con un regalo tan bueno no enamora inmediatamente a una muchacha?

El día que se casaron, como el papá de ella era un señor muy rico porque tenía una venta de raspado, le regaló como veinticinco tablas viejas, dos ruedas de carreta y una moneda de oro.

Con las veinticinco tablas el hombre de la flor se fabricó una carreta y a la carreta le pintó un caballo, y con la moneda de oro compro una cesta de flores y se las dio de comer al caballo que pintó en la carreta, y ese fue el origen de un cuento que creo haber contado yo alguna vez y que empezaba: "Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines".


Nazoa, Aquiles (1972). Las cosas más sencillas. Caracas: OCI - Tvn 5.
 
Aquiles Nazoa. Caracas, 1920 - Maracay, 1976. Poeta, ensayista, humorista, dramaturgo. Erudito autodidacta. Director de Literatura del CONAC. Premio Nacional de Periodismo “Juan Vicente González” (1948). Premio Municipal de Prosa (1966).

Información tomada de: Rivas, Ángel y García, Gladys (2006).Quiénes escriben en Venezuela. Diccionario de escritores venezolanos (siglos XVIII A XXI). Caracas: CONAC.

miércoles, 20 de junio de 2012


                                  

La  abejita  inquieta
 Ramelis Velásquez

Había una vez una abejita que vivía en una gran colmena entre las robustas ramas de un mango. Tan alto era el árbol que parecía rozar a las nubes con las puntas de sus hojas hasta hacerlas reír. Los espacios de la colmena eran inmensos y, como debemos suponer, muy dulces y perfectamente dispuestos en hermosas formas hexagonales que parecían hechos por la más fina ingeniería.

La abeja entraba y salía de la colmena permanentemente porque era muy trabajadora, de esas que parecen soldaditos con alas como si no pensaran o no les importara más nada que hacer, sino seguir órdenes y órdenes. Debía trabajar sin cesar como sus compañeras o como la legión de compañeras que tenía para elaborar la miel. Un día, regresando de una deliciosa flor a la colmena, notó que los pájaros volaban tranquilamente, casi siempre disfrutando de su vuelo sin nada que los presionara o perturbara. Volaban libremente hacia cualquier dirección. Abejita pensó que ella también podía volar en otras direcciones para conocer mundo, pero estaba atrapada en un oficio donde no tenía descanso ni tiempo para divertirse o hacer otras cosas que le gustaran.

Su ruta de vuelo estaba marcada por señales especiales que emitían sus compañeras y ella también, por supuesto. Entonces un día imaginó que era un ave y pensó que cada abeja podía trabajar unas horas al día y después utilizar el tiempo libre para dedicarse a otras cosas igual de sublimes y maravillosas como hacer la miel de la naturaleza. Así que comenzó a hablar con sus compañeras, a comunicarles sus ideas. Pronto, ya se encontraba cerca del mango, debajo de un gran tronco seco, dirigiendo en un solemne discurso sus ideas y pensamientos a miles de abejas trabajadoras. Abejita estaba concentrada y orgullosa de las palabras que estaba pronunciando cuando de súbito llegó una compañera asustada y jadeando del cansancio porque abeja Madre venía en camino un tanto enfadada por la ausencia de las abejas en sus labores y un tanto curiosa por saber de qué se trataba la “revuelta”.

Cuando llegó abeja Madre todas quedaron en silencio como si el tiempo y el aire se hubiesen detenido. Ante tanta calma, la abeja mayor exclamó:

-¡Vaya, este silencio no fue lo que me hizo trasladarme hasta acá!

Y moviendo la cabeza hacia los lados con la intención de ver los rostros de asombro de la multitud, preguntó:

-¿Hay algo de lo que me haya perdido? ¿De qué trata esta asamblea? –dijo con cierto tono irónico.

La única que quebró el hielo fue abejita  al responder con firmeza y decisión:

-Estamos aquí reunidas porque creemos y queremos pensar libremente, así como decidir que tenemos derecho a un tiempo libre y a emplearlo en lo que queramos. ¡He dicho!

Abeja Madre miró a las demás abejitas y les preguntó:

-¿Ustedes están de acuerdo con lo que ella dice? Porque eso no tiene ni pies ni cabeza. ¿Derecho a pensar? ¿Derecho a decidir qué hacen con el tiempo libre? ¿Con cuál tiempo libre?-. Y furiosa siguió hablando mientras su voz iba subiendo de tono hasta gritar:

-¡Qué se creen ustedes! ¡No son más que soldados a mi servicio, obreras con el único derecho y deber de hacer la miel! Es lo único que deben hacer. ¿Quieren abandonar el único hogar que tienen y donde están seguras por un capricho, por un deseo de tener libertad para pensar y para hacer? ¡Qué estupidez!

De repente muchas voces en maraña dominaron el espacio. Había una confusión tremenda. Las abejas no sabían a quien seguir o escuchar. Abejita, molesta y decepcionada al ver la duda en sus compañeras, se separó de ellas y en tono firme arguyó:

-Pues yo sí quiero pensar y decidir qué hago con el tiempo libre que deberíamos tener. Prefiero estar de flor en flor, libre como las aves amigas, libre para imaginar, libre para decidir qué quiero ser y hacer. ¡Hasta nunca!

Y abejita, inquieta, se fue volando y entonando una canción al tiempo que sus compañeras la veían estupefactas como si les pareciera mentira que una abeja se hubiese descarriado y desobedecido el mando mayor de la colmena.

Tiempo después las obreras se fueron sumando a su causa y poco a poco abejita se convirtió en una abeja mayor que tenía a su mando una legión extraordinaria de abejas y una colmena insuperable de lo grande y de lo bella. Pero comenzó a ser inflexible con sus compañeras; las obligaba a trabajar constantemente sin descanso y, en ocasiones, hasta malas palabras llegó a decirles. Y un día una abejita hizo que la legión de trabajadoras se ausentara por un buen tiempo. Cuando abeja mayor las buscó se consiguió con el mismo episodio que ella misma había  protagonizado una vez. Así que el llanto no se hizo esperar y abeja mayor  pidió tantas disculpas que todas la rodearon y le dijeron que nunca abandonarían su trabajo siempre y cuando ella respetara el derecho a pensar, el derecho a reunirse, y el derecho a  tener un tiempo libre.

Y así este hecho es el inicio de otra historia que en otro momento se contará.


lunes, 18 de junio de 2012


  foto: Jesús Guzmán Carrera
 http://www.flickr.com



 El baño de un colibrí
   
 Ramelis Velásquez

Hoy en la tarde, cuando los rayos de sol comenzaban a apagarse, vi un colibrí. Pequeño, tan pequeño que mi dedo meñique todavía es grande comparado con aquel diminuto amasijo de plumas tornasoladas. Nunca había visto uno tan de cerca. Llegó a bañarse con las gotas que habían quedado en la mata de guayaba. Llegó indiferente a mi presencia y, contrario a lo que pude suponer, se acercó más a las hojas que estaban justo delante de mi rostro. Qué sensación tan agradable verlo aletear sin importarle que lo observara, como si yo lo hubiese invitado. Tal vez estaba desafiándome, ahora que soy más grande sé que los pájaros hablan el lenguaje de las plantas y que sus trinos son aliento para que crezcan y cubran la tierra; ahora no me atrevo a hacerles daño como hace un tiempo, cuando al ver un pájaro solo pensaba en derribarlo porque nunca me dijeron que se le debía amar y, la verdad, para ello solo hay que hacerlo, expresarlo cuando se vea un aleteo por allí, un “elfo de las abejas”.
Es una gloria para mí verlo jugar con el agua. Ellos (los colibríes) conservan durante toda su vida la necesidad del juego, cuando apenas a nosotros nos dura lo que la fantasía en la infancia. Allí estaba, en medio de la moribunda claridad, rozando su cuerpo de costado con las hojas: primero el derecho, luego el izquierdo y viceversa; parecía que danzaba una melodía que solo él conoce, una melodía del misterio que es ser parte de la naturaleza. El goce que sentía ante la frescura lo llevó –picaflor- a cortejar a casi todas las hojas. Su cabeza rotaba cuando bañaba su cuerpo en la gota, luego agitaba su pico largo y delgado como una aguja. Extraordinariamente flexible, se doblaba y bajaba su cabeza para mojarse por completo. Si la poesía está por allí, movida por el viento; si está vagando impasible o esperando que se le “atrape” como el Principito a los cometas, creo que hoy estuvo frente a mí convertida en plumas pequeñísimas, conteniendo apenas una gota de sangre como lo dijera nuestro Andrés Eloy Blanco en Canto a los hijos. Y pensar que por un tiempo fue derramada para adornar la vanidad de los seres humanos. Derramada gota a gota su sangre: ¿Cuántos colibríes fueron disecados para ser lucidos como una rareza, como un souvenir, como un hallazgo exótico? Es cierto que un poquito de sangre y toda la plenitud de la naturaleza está en el colibrí. Indiferente a mi presencia estuvo jugando lo justo con el agua, estuvo mostrándome algo que solemos olvidar: que la sencillez tiene otras maneras de manifestarse y que hasta las gotas de agua en las hojas de guayaba pueden dar la máxima felicidad.

viernes, 15 de junio de 2012


Cuando a Gabriela le comieron la lengua los ratones

Velia Bosch

Cuando Gabriela despertó se sintió toda mojada al mismo tiempo que sonaba la manilla de la puerta para dejar pasar a una desgreñada y joven señora muy nerviosa que gritaba: ¡Van a dar las seis y tú todavía en la cama! Era su mamá quien rápidamente abrió la ventana, apagó el aire acondicionado, el cocuyo eléctrico –una lagartija amarilla- guardiana de los temores nocturnos de su pequeña hija y se volvió al gavetero para sacar la ropa del día.

_¡Vamos! A levantarse y cepillarse. Ya está el desayuno en la mesa y la merienda que debes guardar en tu lonchera. ¿Qué pasa, dame los buenos días siquiera, es que no tienes lengua?
Gabriela está muda. Sabe que debe explicar algo, pero prefiere callar, Su mamá se acerca amorosa y le acaricia los cabellos. Se pasa los dedos a manera de peine por los suyos muy lacios y estos se acomodan muy bien.

Es joven y bonita y Gabriela la observa con orgullo y pena al mismo tiempo sin encontrar las palabras que piensa se han salido volando al abrir su mamá puerta y ventana.

_¡Ven aquí, Gabriela!

Pero la niña, tan rápida como hoja empujada por un chubasco, entró al baño, se quitó su piyamita de flores, hizo una pelota deforme con ella y la escondió al fondo de la cesta. Enseguida se trepó al viejo cajón vacío que el abuelo le había pintado de rojo y blanco para que ella pudiera alcanzar al lavamanos, cuando en eso…

Muy bien, eso es, qué agradable es tener una niña tan colaboradora, y allí mismo le plantó un vibrante beso entre la nariz y la pollina despeinada.

Todo sucedió en un tris. Gabriela estuvo lista para partir con su uniforme de gimnasia y dos crespitos a cada lado de su cara cuando entra el papá en escena. _Qué tal, mi reina? (Así la llamaba todas las mañanas). Pero Gabriela seguía sin pronunciar ni una palabra. Tenía un nudo extraño en la garganta. Su papá la alza bien arriba, casi tocando la lámpara. Bajarla y besarla fue como pestañear.

_¿Qué tal durmió mi niña?

Hay silencio y el padre alarmadísimo exclama: ¿Por qué no habla hoy esta niña, es que anoche le comieron la lengua los ratones?

Entonces Gabriela mira a su mamá y ésta al papá que se devuelven sus gestos con ternura y cambian rápidamente la conversación.

_De prisa, dicen ambos, se hace tarde.

La casa queda en silencio, la joven señora comienza a saborear una taza de café porque ella también debe salir a su trabajo en un banco y tiene poco tiempo, aunque su horario le permite todavía una media hora. En  ese mismo momento ve que tres ratones salen corriendo de la habitación de Gabriela. Deja la taza y con la escoba emprende una intensa batalla contra los roedores que bajan todos maltrechos el primer escalón… escobazos van y escobazos vienen. Por los catorce pisos del edificio apenas si se observan unas sombritas grises que desparecen en segundos.

Suena la campanilla del teléfono y la mamá de Gabriela, sin abandonar su cafecito mañanero responde:

_¿La señora Esther? … ¿Qué no quiere hablar? ¡Póngamela al teléfono por favor y gracias por llamarme. Gabriela, soy, soy yo, tu mami. ¿Sabes la noticia? Los ratones que anoche supuestamente te “comieron la lengua” y posiblemente mojaron tu cama recibieron unos fuertes escobazos míos y …

Pero la niña no dejó continuar el discurso de su mamá:

_¡Oh, sí, ya sé, mientras la seño te llamaba, los ratones dejaron mi lengua en la lonchera. Te aseguro que eso no volverá a pasar. Créeme… fue que dejé olvidado en mi delantal de artes plásticas la llave que cierra el portón de la cueva de los ratones. ¡Ah! Y llama a papá a la oficina y dile que le devolveré la llave para cuando se me caiga otro diente y que de “lo otro” ni se preocupe, te aseguro mamá que no volverás a encontrar mi cama, nunca más, mojada.





Imagen: http://www.tiempo.uc.edu.ve/tu605/paginas/6.htm


Texto tomado de:  Velia Bosch (1994), Pirilumpo. Caracas: Alfadil Editores.


Velia Bosch (Caracas, 1936). Poeta, ensayista y narradora. Licenciada en Letras (UCV, 1959); Doctorado (UCV, 1966). Profesora de Castellano y Literatura en Educación Media. Escritora e investigadora de la literatura infantil y juvenil. Autora de:  Arrunango (1968), Jaula de Bambú (1994), Pirilumpo (1994), Mariposas y Arrendajos (1997), entre otros. Asimismo, ha publicado textos críticos sobre literatura venezolana.

 Información sobre la autora: Rivas, Rafael y García, Gladys (2006). Quiénes escriben en Venezuela. Diccionario de escritores venezolanos (siglos XVIII a XXI). Tomo1. Caracas.

jueves, 14 de junio de 2012


                                                        ¿Me compra el gallo?

                                                                   Tulio Febres Cordero

Hombre manso, apacible, incapaz de matar una mosca, tal era el doctor Cienfuegos. Pero cuando llegaba a ponerse bravo, era un polvorín, estallaba como una bomba; por lo cual él mismo procuraba dominar su carácter irascible hasta donde las circunstancias lo permitían.

Cierto día, estaba muy ocupado redactando un alegato, cuando fue bruscamente interrumpido.

—Tun, tun, tun.

—¿Quién es?

—Buenos días, doctor... ¿Me compra este gallo?

—No señor, no compro gallos.

—Está gordo.

—No lo necesito, ni gordo ni flaco.

—Es de buena cría.

—Le digo que no le compro el gallo.

—Se lo doy muy barato.

—Aunque así sea.

—Es nuevo y bien emplumado.

—No, mi amigo, no le compro el gallo.

—¡Qué lástima! Deja usted de hacer un buen negocio. Vamos, hasta por cinco reales.

—Ya le he dicho que no necesito gallos.

—Pero véalo usted: es una preciosura.

—Aunque sea, no se lo compro; y hágame el favor de retirarse, porque estoy sumamente ocupado.

—Mire, doctor, que estas ocasiones no se presentan todos los días. Anímese, pues, y me compra el gallo.

—Al fin, mi amigo... al fin me pone usted en el caso...

—De comprarme el gallo, ¿verdad?

A Cienfuegos le estalla el apellido por todos los poros del cuerpo, y arremete contra el tenaz vendedor, a quien rompe las narices y saca a trompadas hasta la puerta de la calle.

Gran escándalo. Acuden los vecinos y la policía. El hombre muestra la cara ensangrentada, y el doctor bufa de pura cólera. La policía lo arresta; y entonces el malherido vendedor, volviendo a coger del suelo su gallo, se interpone entre la autoridad y Cienfuegos, diciéndoles:

—Yo no pido cárcel para el doctor, sino otra cosa; y todo quedará arreglado.

—¿Qué cosa? -preguntó la policía.

—Que el doctor me compre el gallo.

—¡Ah, grandísimo bellaco! -exclamó Cienfuegos, yéndosele encima.

—No se enfade otra vez doctor: el gallo es bueno y barato.

Al fin el doctor, aconsejado por la policía y para cortar el escándalo, porque la gente llegaba como a campana tañida, resolvió aceptar la transacción.

—Tome pues, amigo, los cinco reales y asunto concluido.

—Mil gracias, doctor. Dígame ¿a qué hora lo hallaré mañana en su casa?

—¿Y qué más quiere usted conmigo?

—Es que tengo otro gallo mejor que éste.

—¡Otro gallo!

—Sí, señor, para ver si me lo compra.

—Un trabuco naranjero es lo que voy a comprar ahora mismo, para quitármelo a usted de encima -exclamó Cienfuegos dispuesto a cometer una diablura, y con razón.

Texto tomado de: Tulio Febres Cordero. Cuentos. Mérida: Ediciones Solar. 1994.

Tulio Febres Cordero. Mérida (1860 - 1938). Prolífico escritor venezolano. Historiador, narrador, cronista importante en su época, profesor, periodista. Editor: fundador de Páginas Sueltas, El Comercio, El Billete, El Lápiz. Fue redactor del Anuario y Gaceta Universitaria de la Universidad de Los Andes.

La literatura infantil y juvenil al alcance

La literatura infantil y juvenil al alcance
Edgar Clément

SOBRE LA AUTORA

Ramelis Velásquez (1968). Autora venezolana. Psicólogo Clínico (especialista en Terapia Cognitivo-Conductual) (UBA). Licenciada en Educación, mención Lengua (UNA) y Magíster en Educación Abierta y a Distancia por la misma institución, Terapeuta Transpersonal, Coach Ontológico Profesional. Narradora, ensayista e investigadora de la literatura infantil y juvenil. Se ha destacado como cuentista, así como ensayista de temas sobre poesía y narrativa, en especial, las que han sido dirigidas a niños, niñas y adolescentes. Su labor de investigadora se ha centrado en el proceso de recepción de las obras destinadas a los jóvenes lectores. Ha facilitado talleres de teoría y crítica de la LIJ y sobre el proceso de lectura. Correctora de la revista latinoamericana de poesía Poda (Fondo Editorial del Caribe, Barcelona, estado Anzoátegui). Ha publicado diversos ensayos y cuentos en antologías y en portales literarios de la Web. Ganadora de la II Bienal Nacional de Literatura "Julian Padrón", 2013. Ha sido docente de pregrado y postgrado. Actualmente se dedica a la psicología clínica, a la psicología escolar, a sus proyectos literarios y a la constante formación en las áreas señaladas.