lunes, 8 de septiembre de 2008

Leyendas de las Américas



La flor del olivar

Carmen Lyra


Costa Rica



Este era un rey que tenía tres hijos. El mayor se llamaba Pedro, el del medio Juan y el menorcito José.

Estando el rey a punto de quedar ciego mandó a buscar al médico.

_Te curarás -dijo- con la flor del olivar.

Se procuró la flor por todas partes, pero no pudieron hallarla.

El rey estaba desesperado, cuando en esto Pedro se le acercó y le dijo:

_Taita, déme mi herencia, que yo voy a buscarla.

Así fue: recibió lo que le tocaba y cogió su camino.
Cuando ya había andado un buen trecho, se encontró con una viejita que le pidió una limosna por el amor de Dios. Pedro no se volteó siquiera a mirarla y continuó andando. Pasaron los tiempos y Pedro no regresaba; en tanto, Su Sacarría Majestad(1) continuaba agravándose. Entonces Juan pidió también su herencia y se fue a buscar la flor del olivar. Encontró, asimismo, a la viejita, a quien tampoco socorrió y siguió inútilmente adelante. Como el tiempo pasaba y los dos mayores no volvían, José dijo al rey:

_Taita, écheme la bendición que yo voy a rodar tierras por ver si consigo la flor.

El rey, con lágrimas en los ojos, lo bendijo y le dio un morral con avío para que comiera en el camino. En el trayecto se le apareció la anciana, demandándole una limosna. José se detuvo. Le dio de comer y le preguntó por la flor. Entonces ella le contestó:

_¡Ande, buen hijo! Coja por ese camino y en el alto de aquel cerro la encontrará.

José, muy contento, abrazó a la viejita y echó a andar hacia el cerro. Llegó allá, cortó la única que había y tomó el camino de regreso. Cuando ya había caminado un tanto, se encontró con sus hermanos que, tristes y derrotados, volvían al palacio del rey. Pedro y Juan, al ver a José con la preciosa flor, determinaron matarlo para quitársela. Así lo hicieron, y para que no quedaran huellas del crimen, enterraron el cadáver a la orilla del camino. Tomaron la flor y se la llevaron al padre, quien recuperó la vista e hizo grandes festejos para celebrar su curación.

De los cabellos de José nació una macolla de carrizo, cuyos cálamos azotados por el viento producían este canto lastimero:

Mis hermanos me han matado
por la flor del olivar.

Un pastor que pasaba por allí oyó la voz, y admirado por tan extraño fenómeno cortó una caña e hizo una flauta con ella; la sopló y entonces brotó la siguiente canción:

Pastorero, no me toques
ni me dejes de tocar,
mis hermanos me han matado
por la flor del olivar.

Corrió por todas partes la nueva de la flauta encantada, hasta que llegó a saberlo el rey. Éste, lleno de curiosidad, hizo traer al pastor y le pidió su instrumento maravilloso para ver si era verdad lo que contaba la gente. Lo tocó, y entonces la flauta cantó:

Padre mío, no me toques
ni me dejes de tocar,
mis hermanos me han matado
por la flor del olivar.

Su Sacarría Majestad, lleno de ira, hizo encarcelar a los asesinos y fue con el pastor al lugar donde estaba la macolla de carrizo; cavaron el suelo y encontraron el cuerpo de José, quien resucitó y volvió al palacio en compañía de su padre, donde todos fueron muy felices.

(1) Corrupción de Sacra y Real Majestad.

Texto tomado de Cabalgata con el sol (1955). Asociación de Mujeres de las Naciones Unidas. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

1 comentario:

Priscilla dijo...

La flor del Olivar, es un cuento costarricense. Del libro, "Los cuentos de mi tía panchita" por Carmen Lyra, emitido en 1920.

La literatura infantil y juvenil al alcance

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Edgar Clément

SOBRE LA AUTORA

Ramelis Velásquez (1968). Autora venezolana nacida en Cumaná, estado Sucre. Realizó estudios de Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad de Oriente. Licenciada en Educación Integral, mención Lengua (UNA) y Magíster en Educación Abierta y a Distancia por la misma institución. Narradora, ensayista e investigadora de la literatura infantil y juvenil. Se ha destacado como cuentista, así como ensayista de temas sobre poesía y narrativa, en especial, las que han sido dirigidas a niños, niñas y adolescentes. Su labor de investigadora se ha centrado en el proceso de recepción de las obras destinadas a los jóvenes lectores. Ha facilitado talleres de teoría y crítica de la LIJ y sobre el proceso de lectura. Correctora de la revista latinoamericana de poesía Poda (Fondo Editorial del Caribe, Barcelona, estado Anzoátegui).